¡Hola! Qué bueno que hayas venido por acá, así te cuento un poco.

Soy Karine, llevo 22 años viviendo en Buenos Aires y soy de Montreal, Quebec. Me instalé acá por amor al jacarandá en flor, y cada noviembre es una fiesta para mí. Con los quilts ya me había acercado al mundo textil, y encontré en el bordado una forma de expresión; con hilos, colores y texturas, dibujo pedacitos del mundo que me rodea. Aprendí y sigo creciendo de la mano de Amparo Villarreal, gran bordadora y profesora.

Muchos de los diseños llevan el sello de la maravillosa Von Eisberg, con quien formo equipo para los bordados de regalo de nacimiento. Me encantan sus ilustraciones y su don para plasmar en ellas emociones, recuerdos y pasiones de los destinatarios de los bordados.

Julio Cortázar marcó mi primer encuentro en español con la literatura argentina (cómo no quererlo). Pero no conocía las Historias de cronopios y de famas hasta que me leyeron uno de los textos con contagiosa emoción, y surgió el nombre.

 

Alegría del cronopio
(Historias de cronopios y de famas, Julio Cortázar, 1962)

Encuentro de un cronopio y un fama en la liquidación de la tienda La Mondiale.

-Buenas salenas, cronopio cronopio.
-Buenas tardes, fama. Tregua catala espera.
-¿Cronopio cronopio?
-Cronopio cronopio.
-¿Hilo?
-Dos, pero uno azul.

El fama considera al cronopio. Nunca hablará hasta no saber que sus palabras son las que convienen, temeroso de que las esperanzas siempre alertas no se deslicen en el aire, esos microbios relucientes, y por una palabra equivocada invadan el corazón bondadoso del cronopio.

-Afuera llueve- dice el cronopio-. Todo el cielo.
-No te preocupes- dice el fama-. Iremos en mi automóvil. Para proteger los hilos.

Y mira el aire, pero no ve ninguna esperanza, y suspira satisfecho. Además le gusta observar la conmovedora alegría del cronopio, que sostiene contra su pecho los dos hilos -uno azul- y espera ansioso que el fama lo invite a subir a su automóvil.